domingo, octubre 17, 2010

MI MAMA ME MIMA

MI MAMA ME MIMA
Si bien es cierto que mi facilidad para escribir depende de mis humores e inspiración, me cuesta mucho hablar de mi mamá, me quedo sin palabras. Empecemos por partes, mi historia con ella no empezó de una forma muy convencional que digamos. Nací dos meses y chirolas antes de tiempo. Mi vieja tenia fecha de parto para finales de abril. O sea, desde el vamos no nos aguantábamos. Si no fuera por una tía que pasó por mi casa ese 6 de febrero a la mañana bien temprano como era su costumbre, andá a saber qué hubiera pasado. Tal vez no estaría acá, escribiendo acostada en mi cama, con fiebre, dolores en mi espalda, en mi costado derecho, de cabeza, con arcadas, náuseas, espasmos y puntadas en mi pobre estómago.
Tampoco mi mamá, que desde sus 30 años tuvo que tolerar que le injerten un marcapasos (casi la obliga a mudarse a otro barrio sin querer un ataque de hipertensión), hubiera sobrevivido a semejante presión. Soportó otra operación semejante a un desguace en un matadero. Sin embargo, ella se la bancó, luchó y me parió a sus 39 años y con un solo ovario. Pasó por unas cuantas en sus ahora setenta y pico de años, sola, conmigo, con mi papá. Además del marcapasos, hace unos años le diagnosticaron cáncer de colon, los oncólogos la habían desahuciado, los mandó a cagar a todos, se curó, echó al inquilino y siguió su vida como si nada. Y aquí está, al pié del cañón, a mi lado.
Aclaremos algo: no descubrimos América si decimos que es MUY complicado ser madre de hijo único, mucho más cuando se trata de una mujer y peor aún cuando se trata de mí. Los hijos no vienen con un manuel de instrucciones. Si ella piensa “A”, yo rumbeo para el otro extremo. Somos distintas y muy parecidas a la vez. Reconozco que soy una persona especial, con sus defectos, sus virtudes, sus cosas, que necesita sus tiempos, tiene sus libertades y así soy yo.
Con Delia Jorgelina he discutido 500 mil veces, muchas por una estupidez o asuntos meramente frívolos, otras tantas por cuestiones importantes y algunas por hombres. No me habló ni me miró a la cara por una semana cuando me corté el pelo de raíz al quedar con un mechón de mi hermosa cabellera en una mano una vez hace muchos años. Hizo un escándalo cuando le pedí que me regalara una perrita y ella misma se largó a llorar desconsoladamente cuando la tuvimos que sacrificar porque estaba muy mal. Cuando me fui de mi casa por primera vez –en mis tiernos 22 años- no me dirigió la palabra durante 5 meses y mi viejo no le quedó otra que hacer de mediador. Pobre Gómez pater, vivió más de la mitad de su vida con dos brujas y lo entiendo ahora de adulta.
Las dos pasamos por muchos momentos difíciles, complicados juntas y solas, sin mi papá o el resto de la “familia” de apoyo y las dos salimos adelante, con los ovarios bien puestos, remando contra la corriente. Estábamos solas en una fría sala de terapia intensiva cuando un médico nos dijo –al internarlo a mi viejo al sufrir su tercer infarto, un edema de pulmón y un coma diabético: y sí, todo eso junto- “Quédense acá porque no sabemos qué es lo que puede pasar”. Y seguimos juntas y mi papá salió adelante. No nos importó NADA, porque estábamos ahí, juntas, esperando un milagro que salvó a mi viejo no sólo esa madrugada sino 3 veces más.
En otras situaciones difíciles estuvo mi papá a mi lado, pero calculo que fue por una cuestión refleja. La energía la gastaba (y la gasta) doña Vela de Gómez y don Enrique Eduardo, también por costumbre (o porque otra no le quedaba, sino dormía afuera de la casa), la seguía. Mi mamá me aguantó cada vez que me lastimaban (muchísimas), me escuchó de día y de noche, me vio ir y venir tanto con mis trabajos como por la gente que elegía para pasar algún momento de mi vida, me cuidó cuando estuve muy enferma y a punto de morirme.
Me gritó cuando no escuchaba, me levantó cuando me caí un montón de veces, me retó, me habló, leyó mis libros, sugirió cambios algunas veces y no tuvo piedad al criticar crudamente algunos de esos proyectos o mis estrategias para mis casos judiciales. También estuvo muchísimo tiempo aconsejándome sobre cosas que me pasaban en cuanto a lo personal o a lo laboral. Me levantaba a la madrugada cuando estudiaba en la universidad, ella estudiaba conmigo, ella misma sugería varios caminos a las alternativas que se me presentaban cuando yo me angustiaba porque no tenía resultados sobre ideas que se me ocurrían para conseguir algo mejor para vivir para los tres.
Una vez me dijo, estando internada y más drogada que Keith Richards, luego de fumarme una molestia sesión de quimioterapia de horas (las enfermeras que me tocaron en suerte ese día, me habían roto las vías, me tuvieron que pinchar los pies para inyectarme la medicación), “Vos no te vas a morir ahora. No te tenés que morir ahora. Tenés muchas cosas para hacer en este mundo todavía. Me tenés que dar por lo menos 2 nietos, así los malcrió. Tenés que ser feliz de una vez, sin sufrir. Tenés que estar plena. No me podés dejar sola ahora. Si decidís dejar de luchar, no te lo voy a perdonar nunca y no creo que te guste dejar a tu padre solo porque si vos te vas yo me voy con vos”. No sé si me convenció esa vez con esa arenga mas parecida a un grito de guerra, pero aquí estamos, con una nota nueva.
Alguna vez escribí hace poco que Dios nos pone pruebas un montón de veces a lo largo de la vida que elegimos tener y vivir. Es cuestión de cada uno de nosotros pasarlas y superarlas. Que tenés que tocar fondo para saber quién te quiere de verdad y quién está con vos. También dije que la familia uno la tiene porque le toca así. Es cuestión de tiempo poder ver si aporta algo positivo o negativo a tu vida, pero hay que respetar la sangre que uno tiene. Una vez mi querido tío el Coqui me dijo “nena, la sangre no es agua”. Y la verdad es que el tipo tenía razón. Así es mi mamá, no es una nena, es una mujer con carácter, con tripa, corazón y ovarios (recuerdoles: ella tiene uno solo y con eso le bastó). YO LA AMO ASI, TAL CUAL ES, TAL CUAL ME TOCO. PORQUE SI HUBIERA SIDO DE OTRA FORMA, YO NO ESTARIA VIVA EN ESTE MOMENTO Y, TAMPOCO LA PODRÍA DISFRUTAR COMO AHORA, A PESAR DE TODO. FELIZ DIA MAMI Y GRACIAS POR LUCHAR, TENERME Y CUIDARME. TE AMO.

P/D: Disculpen la redacción de la carta, pero es como me salió. Los sentimientos no tienen una explicación racional. Feliz día a todas mis amigas que son madres, a mi comadre que está en Barcelona (por haberme dado ese ahijado Tomás que es hermoso, un poco machista y vigilante para mi gusto, pero de buen corazón y por suerte, será un gran hombre dentro de unos años), a las chicas que van a ser mamás dentro de poco, a las que perdieron sus hijos, a las mamás del corazón, a las mamás de mis amigos, a los que las tienen lejos, a las esposas de mis amigos, a las hijas de mis amigos que son madres, y a todos los que no tienen la dicha de tenerlas y disfrutarlas el día de hoy para que las recuerdan con alegria.

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