Cuando colgué el teléfono de Olga, mi vecina, estaba seguro de que el humo no se interpondría entre mi departamento en Tapiales y la casa de un primo segundo del misionero Noremberg, quien en su paso por Buenos Aires me invitaba a degustar su famoso pionono primavera.
Como tengo una fuga del escape hacia el interior del Dodge 1500, estoy muy acostumbrado a viajar con humo adentro del auto. Pero esta vez no había diferencia entre el encierro del Dodge y el momento en el que sacaba el destornillador que traba la ventanilla para bajarla y preguntar por una calle o comprar tres cubanitos con dulce de leche por un peso. Solo había humo.
Me perdí cuatro veces, no tanto por no poder ver por dónde andaba si no porque cuando manejo más de 10 cuadras con la ventanilla cerrada, los gases me bolean un poco. Y yo no quería bajar la ventanilla por temor a que me entrara humo en el auto. Llegué tarde a la casa de Cassius Noremberg, el primo del Tanque, por lo que una vez más me perdí de conocer el secreto del pionono, aunque sobró un pedazo que comí con algo de vergüenza y no sin voracidad, mientras los demás ya habían pelado sus mandarinas dancy (1).
En la sobremesa, comenté el caso del Newcastle, de la Premier League inglesa, que decidió regalarles entradas a los adictos a las drogas recuperados, como forma de promocionar los tratamientos para luchar contra ese flagelo. "Condenado al fracaso", soltó el misionero, mientras cortaba una casata tricolor para 12, en generosas tres partes iguales. Mientras Cassius y yo dábamos cuenta de la casata (2), Noremberg nos explicó que Talleres había hecho un intento parecido, pero con los adictos recuperados de la cerveza y del fernet: "Un fiasco total. En Córdoba no hay adictos a la cerveza y al fernet que se hayan recuperado. Todos siguen chupando como esponja. Ni hablar de lo que pasó en el Club Estrella Juvenil de mi pueblo, Aristóbulo del Valle, en plena selva misionera. Solo había adictos al mate y al té de manzanilla".
Tardé 25 minutos en encontrar a mi rayo naranja, a pesar de que lo había dejado estacionado en la puerta de la casa de Cassius Noremberg. El humo continuaba inflexible y pensé en aquella anécdota que el Pato Fillol contara en una sobremesa (3) sobre un gol medio pavo que le hicieron en un Sarmiento 4 - River 2. "Vino un centro llovido, pero perdí de vista la pelota por el humo de los chorizos. Me hizo el gol el Luciano Polo, el 3 de ellos".
Espero con esto no causar, en la fecha que comenzó anoche, un insólito malón de laterales que van al ataque sin ton ni son para aprovechar las posibilidades expuestas por el anormal accionar de un grupo de irresponsables. Aunque en un par de córners pueden ir a probar suerte, qué tanto.
(1)Algo verdes aún, en esta época del año, pero no por ello desabridas ni secas. Mi vaquero nevado puede dar fe de ello.
(2) El empezó por el extremo de frutilla y yo por el de chocolate, por lo que, yendo a la misma velocidad, coincidimos en la crema.
(3) Yo no estuve, pero me transmitió la historia Osmar Miguelucci, que atajó en Quilmes, igual que el Pato.
Fuente: El Gran Eber
sábado, abril 19, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario